No hay nada que hacer

Le preguntan al prestigioso (menos conocido que cualquier jugador del Alaves) científico vasco Fernández Capetillo lo que piensa del afán de los científicos por los resultados a corto plazo: “Es un error”. ¿Y Eso mismo en los politicos? Dice:

“aquí un director de Renfe puede pasar a ocupar el ministerio de Sanidad, y para justificar su sueldo y cubrir su ignorancia acude a un amigo del instituto que sacaba buenas notas en biología, para decidir si merece la pena abrir un centro de investigación”.

De lo que deducimos que cualquier cargo puede llegar a serlo en una especialidad absolutamente opuesta a la que ocupaba hasta ese momento. En este país nuestro, y en todos los de nuestro entorno, da igual cual sea tu ámbito de saber, tu oficio profesional. Si eres de la línea dominante, lo mismo valdrás para concejal que para senador, para director de tecnología que para viceconsejero de deportes.

Si, la casta política existe. Existe como loby endogmático, y como núcleo de poder imbricado en otros ámbitos del poder, sean económicos, sean financieros, sean (…), de tal forma que se retro-alimentan, se miman, se cuidan, se ínter-favorecen, y, llegado el momento, se protegen.

Leo estos días el maravilloso y muy extenso libro de Josep Fontana “Por el bien del Imperio”, en el que, además de observar que en todo el planeta Tierra -en muy distinta intensidad- se reproducen las mismas situaciones, describe una imagen del Japón político de los años 50 del siglo pasado, que muy bien sirve para hoy día:

“El llamado doken kokka, o “estado de construcción” se basaba en la connivencia entre los políticos y los burócratas con las instituciones financieras y la industria de la construcción, integrada por corporaciones semipublicas, al frente de cuya dirección se encontraban políticos retirados.”

70 años después se reproducen miméticamente las situaciones, la perfecta comunión de intereses entre los distintos núcleos de poder.

¿Existe la casta política? Si, existe. La política, la económica, la financiera, la industrial, (…) con una perfecta comunión de intereses. Lo peor: NO HAY NADA QUE HACER.

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3 pensamientos en “No hay nada que hacer

  1. Pues de acuerdo en casi todo menos en lo último.
    Bajar los brazos y dar todo por perdido no es de recibo.
    No hay más que mirar lo sucedido en España en las últimas elecciones.
    La gente no es perpetuamente pasota.Todo tiene un límite en el txorizeo que por cierto es idéntico en Japón que aquí incluyendo EH no solo el Infraebro.
    Solo haciendo un sencillo ejercicio de extrapolacion (con respecto a las europeas) nos da que en las próximas municipales una fuerza nueva va irrumpir trastocando todo el status actual.
    A mí en el pueblo de tipo medio/grande en el que vivo me salen 3/4 concejales que no van a pertenecer a ninguna fuerza de las actuales.
    No sé si es el motivo de las actuales declaraciones nerviosas y fuera de tono de algunos políticos que ya manejarian encuestas en ese sentido.
    Es una buena noticia que la impunidad de la casta no sea eterna.

  2. ¿ Lo peor : NO HAY NADA QUE HACER ?
    Peor que eso es pensar eso.
    Iba a escribir mis reflexiones sobre la sorpresa , incredulidad y aflicción de Ardanza sobre lo de Pujol. Pero no lo voy a hacer en este por que es agosto y por no echar leña al fuego con ” casta , puerta giratoria , pactada prescripción del lío de la obra de cierta vivienda -, gente guapa marbellí , etc “.
    Y además debería ser justo y fijarme también en la época anterior en la que gobernaba Garaikoetxea y que nos daría para una enciclopedia sobre usos y costumbres en la cosa pública. Y en la privada.

    Asteburu eder bat denoentzat !

  3. Todo el mundo sabe que lo de Pujol estaba “en el cajón” guardado hasta sacarlo en el momento justo.
    Eso lo sabian en Madrid cuando pactó sucesivamente con Felipe Gonzalez y con Aznar.
    En el momento que se decanta como independentista se quedó el asunto en lista de espera y hubiese seguido ahí de no ir adelante las aspiraciones de Catalunya.
    Lo de Ardanza como muy de él …”sorpresa , incredulidad y aflicción ” …en fin por quien nos toma este triste expolítico ?

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